martes, 15 de diciembre de 2009

La Vida al Sur de Sevilla

Nada más entrar en el aula 2.1 del instituto de enseñanza secundaria Ramón Carande, Daniel y Edú nos regalaron un “rap”. Sus amigos Fran y Gabriel, algo más tímidos, reían mientras Daniel se acompañaba golpeando con un bolígrafo uno de los pupitres garabateados del aula. Fran le ayudaba a marcar el ritmo simulando con la boca y las manos ser el bajo. Al “rap” le siguió una bulería, mucho más en consonancia con la cultura gitana de la que viene Daniel, la misma a la que pertenecen el 80% de los estudiantes del Ramón Carnade. La mayoría vive en las Tres Mil Viviendas, barrio marginal situado en la periferia de Sevilla, la principal ciudad del Sur de España. “Aquí todo es más sencillo y alegre” me dice Daniel sabiendo que yo soy americana. Como su amigo Edú, identifica a los Estados Unidos con llevar “ropa ancha”. Este entusiasmo sin condiciones por todo lo americano contrasta con los problemas que los chicos viven a diario en su barrio. Como nos indica Encarnación Quiroga, orientadora académica del centro desde hace cuatro años “los principales problemas vienen derivados de peleas entre los chicos. Se insultan a menudo, mencionando incluso a la familia del otro, lo cual es considerado muy grave en la cultura gitana. Pero no hay armas y todo queda en algún empujón o algún golpe”. Quiroga cree que no hay problemas de drogas entre los chicos del centro, al menos aparentes, y cuenta que sólo se dan algunos casos de estudiantes embarazadas. “La píldora del día después ha acabado con muchos embarazos indeseados, specialmente desde que hace un año se empezó a comprar sin receta en la farmacia”. A Daniel y a Fran lo que más les gusta es la clase de música. A Gabriel, gran fan de Michael Jackson –aunque rechazara tímidamente mostrarnos su “moonwalk”– simplemente estudiar. Los otros se ríen de él ante tal afirmación. En lo que todos coinciden sin embargo es en cuál es su película favorita: Titanic. El abuelo de Daniel es muy famoso, su nombre es Manolo escobar, y forma parte la historia de la música popular española, cuando en los años 60 y 70 simbolizó con sus canciones los sentimientos de más de una generación de españoles. Ante las bromas de los otros, y para sacarnos de dudas, nos pone en su móvil rojo y plateado uno de los éxitos de su abuelo. Los jipíos típicamente flamencos de la canción se confundían con las risas constantes de Daniel y Fran. “Ahora vive en Alicante pero no es posible encontrarle” Nos cuenta Daniel. “Mi abuelo tiene 2 caras, como Hannah Montana”. ¿Sabrá su abuelo quién es Hannah Montana? Los cuatro chicos conocen la violencia de cerca. Daniel nos cuenta que “andar por la
calle de paseo con tu bebé mientras llevas una pistola en el bolsillo es lo normal para muchos hombres de las Tres Mil”. Pero no se asustan. Ellos son de allí. Me cuentan que alguien de fuera, como yo, sí que tiene que sentir miedo. La basura y la suciedad en la calle conviven con Mercedes y Range Rovers conducidos gracias al dinero de la droga. Esto ellos lo saben. Aunque no aspire a conducir uno de estos coches caros, a Daniel sí le preocupa mucho su apariencia personal. Hoy que ha salido del instituto y del barrio, y ha venido a vernos al centro de estudios de CIEE, en el centro histórico de la ciudad, se ha quitado los pendientes de estrellas blancas que llevaba el otro día y se ha vestido con su mejor camiseta. “Demasiado sexo nubla la vista” es la frase que borrosamente puede leerse en ella. Daniel la lleva con mucho orgullo. Le divierte provocar. “La camiseta me la compraron mis padres” concluye mientras nos lanza otra sonrisa.

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